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martes, 11 de febrero de 2025

El velo y sus cohortes

 

Ejercicio. Emilia Oliva. Acuarela. 2023.


El velo protege a la comunidad de la realidad. Deja abierta la puerta a la imaginación de una ilusión y la cierra a la exploración de una realidad compleja: el velo de Maya. El velo protege a la comunidad de la invitación al deseo y al consuelo en el rostro indefenso de la viuda, en el rostro indefenso de la doncella entregada a erradicar el mal con la sola oración, en las partes pudendas de la representación que muestra lo divino al hombre. El velo cubre la desnudez que nos hace vulnerables al deseo del otro. El velo es un arma de poder en nuestros días, del hombre sobre la mujer en las sociedades regidas por el Corán. El más poderoso velo es el que no se ve y oculta con eficacia certera: el de la defensa de la cultura. El velo, como las sectas, atrae a su órbita a sus cohortes. Fervientes protectores de un peligro cierto: mirar y ver. Y a veces, tan adiestrados estamos en el tornar la mirada que inconscientemente dejamos de ver. Nos volvemos ciegos. El velo invisible se impone.

 

Lo sucedido con la palabra "violada" en el club de poesía Hablemos de poesía (Biblioteca A. Rodríguez Moñino/M. Brey) unos días atrás constituye una mínima anécdota en el inmenso mundo velado en que nos desenvolvemos, pero constituye una muestra del hábito que vamos adquiriendo de no ver más allá del trampantojo tejido, esa maraña de la que vamos presos como moscas en la miel.

 

Sacar las patas de la miel era el ejercicio que propuse en el club de poesía a partir del poema de Julián Rodríguez "de los días felices" publicado en la revista Farraguas, 5 (Letras cascabeleras, 2024). Se trataba de leer la página de la revista como si fuera un documento sobreviviente de una catástrofe de la que aún quedara un superviviente, el destinatario del poema, y elaborar las preguntas precisas para una entrevista que nos permitieran comprender el poema sin saber nada del autor, de su biografía 'externa' para desvelar o aproximarnos mínimamente a la 'biografía interna' de la que nace el poema. Romper el velo cultural que cubre de capas de vida del autor (gracias a Wikipedias y voceadores) y abordar la obra antes de toda influencia. Eso que, de algún modo, cancelan las presentaciones de libros, minando la lectura individual carente de intérpretes, apostando por la promoción de la lectura inducida (publicidad, grupo activo, acto social, marketing, editorial, critica en semanarios...).

 

En medio de la lectura del poema referido, se produjo un tropiezo en un adjetivo aplicado a una flor. Rápidamente decidimos: no, no dice 'violada' sino 'violácea' y pasamos de largo. Incluso añadí que me hubiera extrañado ese uso forzado en el texto. Y, sin embargo, deberían haber saltado todas las alarmas. ¿Por qué habría que descartar esa palabra ‘violada’ sin más análisis a causa de la ilegibilidad de una letra en el manuscrito? Siempre hay alguien que vela, afortunadamente. Y me llega al wasap, esa misma noche, el enlace al diccionario de la RAE de 'violada' de la mano de Marta, feliz del hallazgo, sinónimo de 'violeta'. Así, velo a velo, vamos perdiendo la realidad compleja por la ilusión de lo que nos dejan mirar, que no ver. Vamos cancelando palabras que a fuerza de sospechosas, morirán y caerán del diccionario. De lo que perdemos dan cuenta estos enlaces.


“Cuando ‘violar’ era un arte y no una atrocidad”. Por José Miguel Lorenzo Arribas. Miércoles, 18 de octubre de 2006.

Eruditos a la violeta. O Curso completo de todas las ciencias dividido en siete lecciones para los siete días de la semana de José Cadalso


 





miércoles, 23 de octubre de 2024

Zenda poesía es un polvorín


s/t. Francisco Montero

Ha sucedido en el seno del club de lectura Hablemos de poesía. Vengo picoteando en Zenda poesía para ofrecer textos y autores que nos permitan practicar la lectura inteligente de poemas. Ignoro cuáles sean los criterios de selección de poemas, poetas y reseñas que ofrecen sus colaboradores:  Laura Di Verso, Patricia Crespo, Juan Domingo Aguilar, Manuel Rico, José Luis Díaz Caballero, Javier Mateo Hidalgo, Luis Bravo, Pablo Quintela... pero es una mina para encontrar textos que nos permitan descubrir los vericuetos de las palabras en el poema. Propuse los cinco poemas de Eugenio de Andrade seleccionados por Laura Di Verso. Me sedujo el hecho de que cuatro de ellos estaban traducidos por Aníbal Núñez. No así el poema "El amor" traducido por Alberto Ruy Sánchez y que nos movió el suelo de debajo de los pies. 

Carmen plantea que no entiende el poema "El amor" de Eugenio de Andrade. Que lo que dice es... Duda qué palabra usar para definir ese poema que la desconcierta, que eso no es amor, que parece hacer daño... La perplejidad es general. Incluso Francisco y Juan Antonio tímidamente sugieren que quizá la traducción no se corresponda con el original. Yo misma he apuntado una posible errata en el verbo ¿rodeado o rodeando? que habría que comprobar. Intuyo que la dificultad proviene de la ruptura de las expectativas, que responde a una cierta pátina que se superpone al texto y bloquea la escucha de lo que el poeta intenta transmitir. La poesía alcanza en ese instante su función suprema: romper el engranaje de enmascaramiento cómodo de lo que percibimos como realidad. De pronto, en el poema "El amor", si aplico el código que sobrevuela sobre nuestras cabezas e incorporamos con toda buena intención, el poeta parece haber tomado la senda equivocada. El verso final es un enigma. "Así es el amor: mortal y navegable". Todo el poema parece envolver el amor con cierto sadismo. Y, sin embargo, si salgo de las consignas que moldean la concepción de lo que hemos de considerar amor, entonces el poema se abre como el brocal de un pozo. Hay una realidad más profunda. Un ángulo del amor, del deseo, desde cuerpos que no han perdido la sed, ni el recuerdo del fuego que los habitó, que insisten cuando el amor ya no es. La poesía rompe los automatismos y las trampas para movernos por un territorio sin fisuras y nos descubre el ángulo que guardamos en penumbra. Nos desvela que "Así es el amor: mortal y navegable". 

Me pregunto si el sistema que todo lo digiere, acabará haciendo la digestión de la poesía. Si a fuerza de superproducción, ideologización y banalización de la expresión poética logrará el sistema acallar el grito de ser y las preguntas que siguen sin respuesta. Si esto que es el hombre -grito y pregunta- acabará anestesiado, cotorreante y feliz porque no pueda asumir la incertidumbre de ser y sucumba a la superficialidad ambiente. 

La película Como en un espejo de Ingmar Bergman se cierra con un apunte de esperanza. El amor puede conjurar la locura. ¿Qué tipo de amor? pregunta el joven a su progenitor. Cualquier amor, responde.

 

El amor de Eugenio de Andrade

 

Estoy amándote como el frío

corta los labios.

 

Arrancando la raíz

a lo más diminuto de tus ríos.

 

Inundándote de dagas

de saliva esperma lumbre.

 

Estoy rodeado de agujas

tu boca más vulnerable.

 

Marcando en tus costados

el itinerario de la espuma.

 

Así es el amor: mortal y navegable.

 

https://www.zendalibros.com/5-poemas-eugenio-andrade/

 

O amor

 

Estou a amar-te como o frio

corta os lábios.

A arrancar a raiz

ao mais diminuto dos rios.

A inundar-te de facas,

de saliva esperma lume.

Estou a rodear de agulhas

a boca mais vulnerável.

A marcar sobre os teus flancos

o itinerário da espuma.

Assim é o amor: mortal e navegável.

Eugénio de Andrade, Obscuro dominio. 

De la web Tudo é poema

 




sábado, 13 de abril de 2024

Fijar el día antes de que anochezca

 


Apunte poemas. Tamara Domenech

VI Premio de poesía Centrifugados/Puebla de San Gil. Isla de San Borondón, Ed. Liliputienses, 2024.

 

Doy a José María Cumbreño, el editor, un ejemplar de briznas de quien (Sial Pigmalión, 2024) y me corresponde con Apunte poemas de Tamara Domenech. Me gusta asomarme a un libro de poemas sin saber nada del autor, nada de su biografía o trayectoria. Asomarme desde el título, el índice y con ojeada rápida, al azar, antes de decidir si entro o no en el libro. El índice de Apunte poemas, con sus títulos de poemas, resulta a primera vista anodino.  Me pregunto si son poemas ya o meros proyectos, “apunte” lo que nos ofrecerá la autora. Los títulos parecen notas de un diario sin interés: “compañera, aprender, juventud, presentaciones…”. Pienso en la ambigüedad del título. ¿Apunte previo al disparar? Hay una biobibliografía al final. Me llama la atención que la autora premiada no es desconocida para la editorial; Liliputienses ya ha publicado La escuela, el castillo en 2020. El ojeo de poemas me lleva a pensar que quizá esté ante un libro de poesía a “ras de tierra”, en la que indagué en briznas de quien. El yo del poema parece ser el autobiográfico del autor, son gestos, acciones que ha hecho en algún momento. A no ser que se trate de una figuración… 

Entro en el libro, preparada para el desengaño. ¿Qué puede haber en lo cotidiano de la vida del poeta que pueda ser de interés para un hipotético lector? No es hasta el poema “Baile” (pág. 17) cuando la voz, que me sigue pareciendo anodina, me atrapa y me dice: aquí, en estas notas casi banales de diario, hay un poema, porque late la mirada con la extrañeza de quien no entiende el mundo. Ve, simplemente, dice lo que ve, y en ese ver que nos detalla minuciosamente se alza el enigma del poema. El camino de desconcierto por el que quiere llevarme.

          Estoy por cruzar la calle

alzo la vista y veo que cae

una hoja seca de la rama de un plátano.

El viento de junio la mueve de aquí para allá

un titiritero que la hace pasear

por cada una de las ventanas de los departamentos a y b

de un edificio que está en una esquina.

Si fuera la vida, pienso,

en la cantidad de personas, por piso, que tuvieron la

posibilidad de admirar un baile lento hasta tocar el suelo.

Me recuerda, a trechos, la escritura de algunos escritores del “nouveau roman” en su minuciosidad para revelar lo real (exterior e interior), a veces desesperante, para el lector que quiere un rápido enganche con la trama o con la emoción y no encuentra ni trama, ni emoción. Hay una neutralidad de hielo en los poemas que va calando como la lluvia fina, una mirada ética, una realidad que hay que transformar, la fe en el compromiso del escritor para cambiar el mundo porque el inventario (recurso permanente a la enumeración) deja un remanente de cansancio, de sin sentido que trasciende las vidas que se ven reflejadas en el poema: “(…) creo que escribo para que los personajes / que tienen lugares establecidos / se aventuren a otros y pasen a la acción (…)”

Sólo a veces, en un gesto involuntario en la dinámica robotizada de lo cotidiano, brilla la luz, acaso la esperanza. Así sucede en el poema “Luces livianas”:

Una nena sentada enfrente mío en el colectivo

lleva dos globos

uno naranja y otro amarillo

cada vez que los saca, apenas, por la ventanilla

rebota el sol

como si fuera posible

trasladar luces livianas con las manos.

El tedio de nombrar lo real con las palabras de uso cotidiano, se rompe a veces con imágenes certeras que abren el “apunte” al “poema” como en “Ingenuidad y avidez” que se inicia con dos versos como un hachazo: “No es fácil dormir cuando llega la noche. La mente deambula de aquí para allá parece una rata”.

En “Universo o dios” (pág. 83), para que no desfallezcamos, parece facilitarnos la autora una clave de lectura.

La abertura en una casa en construcción

me hace pensar en la relación entre realidad afuera

y la fantasía adentro

de un espacio oscuro y abierto

como el universo o dios.

Ser, sería dar cuenta, así, sin florituras, de lo que acontece y a lo que asistimos como testigos mudos. Fijar el día, antes de que anochezca.