esa nada fugaz de
la mirada que lee
el hombre
roido trepanado
tumefacto
y en el hueco
el hálito
ser no-ser
TIEMPO
sin voz, sin llanto, sin queja
dejarse ir
abandonarse
adónde
el empedrado camino de nácar
imposible creer
que no estuviera desde siempre
el mar
su rumor de olas
inerme, la máscara
espesor de tiempo