jueves, 1 de septiembre de 2016

anamorfosis 3


















la verdad
¿este destello con nudo de sombra?
¿esta herida transversal
                                    en lo que existe?

domingo, 24 de julio de 2016

Círculos




En mi sueño vi tres círculos

era el primero de fuego
el segundo lo presidía un anciano
el tercero era de viento
Libro 5º de Autosugestión


El círculo es un elemento recurrente en la obra de José Antonio Cáceres (JAC). Este elemento con fuerte carga simbólica va a ser objeto de exploración constante en su pintura, en sus experimentaciones poéticas y en su poesía discursiva. Ya en la cita de Campo de romero y piedra, libro de sus poemas de juventud, si analizamos la función de esos tres elementos: fuego, anciano y viento, la correspondencia con el Hijo, el Padre y el Espíritu, la tríada cristiana, es evidente. La crisis lingüística, y las incursiones experimentales en la poesía concreta, letrista, visual, fonética... que provoca,  es manifestación de una crisis más profunda, crisis de fe, de visión del mundo y de sentido de la vida.  


Feo de JAC. Concrety Poetry. A Word Wiew de Mary Ellen Solt. Indiana University, Bloomington, U.S.A, 1968


Las formas de círculos concéntricos emergen como recuerdo o evocación de un sistema solar. En el núcleo, un círculo secante sugiere una fecundación. El juego de letras en el interior, sugiere la geminación o la fusión de elementos (e, interior) (o, interior). La secuencia sugiere el inicio de la fusión: la "o" acabaría integrándose en el centro al final del desplazamiento que parece haber comenzado; la "e" interior sube hacia el centro, la "o" del círculo que penetra desde la derecha. Todo parece indicar que en su trayectoria podrían acabar formando una sola forma. La idea de fecundación y de futura geminación está sugerida muy claramente.

Del mismo modo, la disposición de las "f" en el exterior, en el exacto punto de los  cuatro puntos cardinales, confirma la interpretación en clave de mundo que gira. La disposición de la "f" parece indicar un giro en el sentido de las agujas del reloj. El color sirve para diferenciar los elementos en el sentido indicado. Tierra, Sol y Luna. A la interpretación de sistema solar en movimiento, en tanto en cuanto hay elementos que parecen desplazarse en el interior contribuyendo a un posible eclipse, el color amarillo de yema de huevo redunda en la interpretación de la fecundación.


El hecho de que se pueda leer la palabra "feo" no es más que la evidencia del juego que hace estallar la significación: lo importante no es a lo que envía o remite la combinación de letras, sino la nueva función, como materia pictórica, que adquiere la letra dentro de la obra. Crisis de lenguaje ya patente en el poema "Las palabras te llevan a la horca" (5/11/1965) de Campo de Romero y piedra.

Las palabras te llevan a la última Tule
las palabras arrecidas como buques fantasmas
acumuladas en cuartos trasteros las serojas
cascada de otoño se precipitan empujadas
por el viento fundiéndose las palabras
barridas por jardineros del edén
llevadas en tranvías al palacio de Knosos
donde leones hambrientos vomitan
y gigantescas moscas arracimadas
en un rincón de Versalles sobre serojas
palabras ácidas malolientes
quemadas al borde de la ciudad
y asnos apabullados ante la presencia del rey
en otoño cargados de serojas
para el estercolero municipal
palabras sin fruto caídas de los árboles
bailando el minué de la desesperación
de al feria de Cuernicabra
y ancianos mascullando junto al fuego
las palabras te llevan a la horca

Desaparecen los signos de puntuación, aunque se mantiene la mayúscula inicial. No hay rimas, ni estrofas. Desaparece la coherencia para adentrarnos en un juego de imágenes surrealistas. Las palabras no sirven para expresar el mundo. Se dislocan, se descoyuntan y el culpable es el sujeto de la enunciación, el poeta.
 
Recinto sacro de JAC. Revista TAMTAM, Ed. Geiger.




Es en ese sentido de descoyuntamiento de la palabra en el que hay que entender la Poesía concreta tal como la estaba llevando a cabo JAC entre el 1966 y 1976, según Felipe Boso. No se adentra JAC por el sendero un tanto ingenuo de la poesía caligramática al modo de Apollinaire. En este alejamiento del letrismo tradicional, "Recinto sacro", viene a cargar de significación simbólica el juego de los círculos. Las letras, las cifras ahora fragmentadas construyen a modo de muros, lo que parece una planta de edificio religioso, ábside circular con nave central geminada. En el centro, formado por paréntesis, neumas y punto, acaso un rostro se revela. La almendra mística, la mandorla, no rodea al Cristo. El vacío de la representación es estallido del sentido. No hay significación posible en un mundo de signos fragmentados, inconexos. ¿Quién será ahora el responsable de encontrar una significicación al mundo? JAC lo revela en su obra poética Autosugestión y es patente en el cuadro del petirrojo.


JAC


En este cuadro, el juego de representación de círculos de colores sugiere ahora claramente mundos, esferas celestes, que se alinean o eclipsan parcialmente. El pajarillo central viene a ocupar el sitio del Pantocrator, trasunto del rostro que se vislumbra en "Recinto sacro". El pájaro es ahora el que mira y canta, el que penetra el enigma del universo, el propio artista, el poeta.  "El puro conocimiento, libre e indisociado" (J-E. Cirlot, Diccionario de símbolos, Pájaro).  El "yo" consciente.


Alcántara, nº 84, julio-diciembre 2016, pp. 93-96.

miércoles, 15 de junio de 2016

beocia


Goya, Caprichos
La corriente por la que nos llegan las palabras es misteriosa. La razón por la cual refulgen como un destello en un momento dado tiene que ver con lo personal vivido. Mi madre usaba la palabra "beocia" que me parecía tan malsonante, tan poderosa por su aplomo certero, que siempre pensé que era de esos vocablos locales cargados de desprecio con que desacreditamos al otro. No está en mi vocabulario pero ha restallado nítida al oirla en una conferencia del filósofo Gustavo Bueno. Ignoro por qué vía una palabra -que ahora en boca de Gustavo Bueno debe ser culta-  ha lelgado al vocabulario de mi madre. El hecho es que todo un mundo ha sido evocado de golpe por la palabra. He perdido el hilo del discurso del filósofo y me he sumergido en un mar de diatribas conmigo misma. Hasta he pensado qué útil la habilidad que tenía mi madre para separar el grano de la paja y de calificar así, sin complejos, a la persona beocia. Cuánto sufrimiento nos ahorraría el poner distancia entre aquellos que con mezquina maldad juegan a desacreditarnos permanentemente porque no tienen nada más que elevar a lo alto desde sus manos. Lo ha dicho Gustavo Bueno y de pronto lo he comprendido "La gente es tan beocia que te atribuye lo que no has dicho" y añado, incluso, lo que no has hecho. No es cualidad privativa de analfabetos o iletrados. Está por todas partes. Ya nos lo mostró Goya en sus Caprichos. Lo acabamos de ver en la exposición sobre Goya de la Fundación Mercedes Calle en Cáceres. Es pan de cada día en los medios de comunicación y fundamenta un nuevo periodismo que pone los pelos como escarpias. Está en el aire y no deja respirar allá por donde pasa.

domingo, 15 de mayo de 2016

rito y grito


Gritar a quién, adónde. Los que vivieron la baja intensidad de las bombillas, los apagones, conocieron carburo y candil, poseían un gesto poderoso frente a la adversidad: encender una mariposa, una lamparilla de aceite, en recuerdo de los muertos, en súplica de protección para los vivos, llanto de humo, plegaria de deseos. Encendían velas en las iglesias y se recogían en medio del olor a incienso, omnipresente. El gesto se perpetua  aunque el olor a incienso haya de buscarse quemando varillas compradas en mercadillos. Para no gritar, vuelve el rito, esa "vieja costumbre irremediable". Aurora Luque me ha tomado la delantera en el poema.

 "En una iglesia ortodoxa de Viena"

Inquieta el resplandor de las iglesias,
la penumbra que envuelve el oro antiguo
el silencio que brota de un murmullo
de salmos estancados y plegarias,
los santos poderosos y sus rostros
que un éxtasis tortura,
el incienso y las velas palpitantes
con sus luces de miel
junto al iconostasio.
                                 Recuerdo aquellos versos
de Cavafis, sus cirios luminosos o recién
apagados al soplo del presente.
Mis velas no son días en fila: son deseos
extinguidos sin cálculo, sin orden
o prendiendo en los días venideros
supuestamente hermosos y gentiles
-los deseos, el otro calendario.

Y repito una vieja costumbre irremediable.
en templos y capillas, con una fe muy turbia
-San Terapio de Lesbos, San Saturio de Soria,
la capilla minúscula de Rézimmo,
Santa María de San Sebastián,
la perfumada ermita de Narila,
Viena o San Francisco de Liubliana-
en todas las iglesias y bajo fe dudosa
dejo algunas monedas, como una vela humilde
y al dios de los deseos, si lo hubiere,
impostora y ritual,
le invento una oración hereje y terapeútica.

viernes, 11 de marzo de 2016

abres las palabras

http://www.artehistoria.com/v2/obras/12287.htm

abres las palabras
y las dejas caer

objetos punzantes

en medio de la carne

no hay dolor ni estremecimiento


caen              pasan

como pájaros el aire

como las hojas

el detritus del otoño
          
perla de sangre a ras de piel
ortiguilla indecisa
sabor a mar desalojada